Un viernes cualquiera.
Paul se levantó temprano, hoy tenía la intención de llegar a en hora a su trabajo en la multinacional estadounidense con sede en Chicago en la que trabajaba desde hace más de 3 años. Tras pelear unos minutos con el despertador reunió las fuerzas para salir de la cama y dirigirse a la ducha. Una vez duchado y listo, primer contratiempo del día: había agotado todas sus camisas del armario. Entre las usadas a lo largo de la semana, las que no pudo llevar a la tintorería el fin de semana anterior y las que olvidó en casa de Naomi cuando el fin de semana pasado asistió en Nueva York a la boda de su viejo amigo George, el fondo de armario le daba pocas opciones. Tendría que combinar de nuevo los colores crema y negro, de modo que se enfundó la única camisa que quedaba preguntándose si cumpliría el Business Casual.
Pasado el primer mal trago del día, Paul se dispuso a preparar el desayuno. Un zumo de naranja recién exprimido, un café recién hecho y unas galletas… segundo problema… sólo encontró aire en el bote de las galletas. Paul repasó mentalmente las opciones las opciones de desayuno sólido a su disposición. Después de desechar los yogures caducados de una nevera con incluso más eco que el bote de galletas y de no optar por la opción de los cereales por falta de tiempo recordó que el día anterior en la oficina había conservado una manzana. Ese sería su desayuno junto al zumo y al café. Problema resuelto.
Paul, duchado, desayunado y listo para ir al trabajo se despidió de Naomi y dirigió sus pasos a la oficina pero tras 10 minutos de paseo cayó en la cuenta de que había olvidado las llaves en casa. “¡¡Mierda!!”, pensó, “para un día que iba a llegar a mi hora…”. Sin otro remedio, Paul volvió sobre sus pasos a recoger las llaves ya que de lo contrario le sería imposible entrar a casa después del trabajo. Tercer contratiempo. Entonces, de nuevo en la calle Paul pensó que nada más podría salir mal en los pocos minutos de día que habían trascurrido. Sin embargo, se equivocaba de nuevo.
En un intento de recuperar el tiempo perdido Paul probó a tomar el autobús para llegar a su trabajo, envió un sms a la central de autobuses para comprobar el tiempo de espera de la linea 53 en su parada. La central respondió al momento: “Autobús en entorno de parada, el próximo autobús tardará 15 minutos”. Paul inició la carrera hacia la parada de bus deseando que entorno significara cerca y no “en” la parada pero como si el mismo Murphy hubiera diseñado la escena, al mismo tiempo que Paul alcanzó la parada el autobús inició la marcha dejándolo solo en el apeadero. Una más en sólo 30 minutos.
Agachando la cabeza, sintiendo que todo lo que había ido pasando durante esos minutos no había hecho más que robarle minutos al día, Paul emprendió de nuevo su camino al trabajo enfadado, 20 minutos retrasado respecto a su horario planeado, a 2ºC de temperatura, con su única camisa disponible y sin nada sólido en el estómago. Pero, de pronto, un momento mágico hizo que encontrara su propio reflejo en un portal y recordara el día que era… Viernes… San Viernes… entonces todo su malhumor se esfumó como por arte de magia transformando el día se transformo en el mejor SanViernes de toda la semana.
Actualmente Paul y Naomi viven felices en su coqueto apartamento en la milla de oro de la ciudad de Chicago. Desde aquel día todos los viernes noche salen a tomar una cerveza en alguno de los bares del distrito “The Tube” para celebrar el San Viernes.
Nota del Autor:
- Historia basada en hechos reales. El nombre de los personajes y lugares ha sido alterado para mayor dramatismo de la historia.
¡¡Feliz San Viernes!!
12 - Diciembre - 2008 at 1:10 pm
Dame una pista… Paul se apellida Murphy??